JOSE GONZALEZ CASTILLO (1)
GONZALEZ CASTILLO, JOSE
(1885-1937)
Nace en Rosario, provincia de Santa Fe, el 26 de enero de 1885.
Huérfano de padre y madre antes de cumplir los diez años, vive una infancia errante que lo lleva a recalar en Orán, Salta, donde es amparado en su iglesia por el párroco del lugar. Primero oficia de monaguillo, luego de sacristán y finalmente ingresa en el seminario conciliar de la provincia. Se distingue como un alumno muy aplicado pero, carente de vocación sacerdotal, termina desertando del seminario, lo mismo que de un regimiento tucumano al que se incorporó poco tiempo después. Trabaja como peón de estancia, resero, y dependiente de pulpería. No tiene 20 años cuando regresa a Rosario. Se desempeña en otro sinnúmero de oficios, hasta que ingresa como periodista en el diario "La Capital". Allí conoce a Lisandro de la Torre y anuda una fraternal amistad con Florencio Sánchez.
Hacia 1905 se radica en Buenos Aires. "Con Florencio, desarrapado y rebelde como Castillo -dice Federico Mertens-, frecuentan sociedades secretas y proletarias y conocen algunas veces los calabozos". En el café de Los Inmortales conoce al escritor libertario Alberto Ghiraldo (ver "Los Malditos", vol. III) quien lo hace ingresar a "La Protesta", diario anarquista. De esa época es su primera obra teatral: "Los rebeldes". El cuadro filodramático que la estrenó, el público asistente y el mismo González Castillo terminaron la velada entre rejas. Así -dice César Tiempo-, nuestro autor se empezaba a hacer un nombre en el teatro y en los archivos policiales. Pero el pichón de dramaturgo siguió adelante sin arredrarse. A "Los Rebeldes" sucedió "Del fango", sainete estrenado por Pepe Podestá en 1907 y dos deliciosos cuadros orilleros en verso: "Entre Bueyes no hay cornadas" (1906) y "El retrato del pibe" (1908). Le siguen "Luigi" (1909), su primer gran éxito, y "La telaraña (1910), donde denuncia la deshumanización del sistema policial y jurídico, retomando la metáfora del "Martín Fierro", así glosada por el protagonista: "Francamente, amigo, bien dijo aquél que dijo que la justicia era una tela de araña; enredada y elástica como ella, solo atrapa a los bichos débiles".
Hacia la fecha del primer centenario debe emigrar con su familia a Valparaíso, Chile, donde se gana la vida correteando vinos y -para despuntar el vicio- dirige el periódico de combate "Bric a Brac". Su actividad periodística le depara aquí también problemas con las autoridades por lo que decide regresar a Buenos Aires. Se afinca ya definitivamente en el barrio de Boedo, al que legará memorables proyectos culturales como la Universidad Popular (fundada en 1928) y la peña cultural Pacha Camac (1932) que comenzó funcionando en los altos del café Biarritz y lo sobrevivió casi dos décadas. También dejó una larga serie de discípulos (desde Betinoti hasta Homero Manzi) que entendieron lo que éste llamó su "estética criolla", en la que lo popular no se confunde con la chabacanería ni con la "jerarquización" elitista, a las que son tan proclives algunos artistas de ayer y de hoy.
En los años que van de 1914 a 1918 se consolida como dramaturgo a través de títulos como "Los invertidos" (1914), "El hijo de Agar" (1915), "La mujer de Ulises" (1918), "Los dientes del perro" (1918). En esta última pieza estrena su primer tango "¿Qué has hecho de mi cariño?", al que siguen "Sobre el pucho" (1922), "Organito de la tarde" (1924), "Griseta" (1924), "Silbando" (1925), "El aguacero" (1930) y muchos otros, escritos en su mayoría sobre música de su hijo Cátulo.
Decidido partidario de los nuevos medios masivos, participa de los primeros balbuceos de nuestro cine con los guiones de "El fusilamiento de Dorrego" (Mario Gallo, 1909) y "Juan Moreira" (1910). En 1913 escribe el guión de la historieta cómica "Viruta" y en 1915 redacta las leyendas de "Nobleza gaucha", el primer gran éxito del cine nacional. También, después del '20, escribe para la radiofonía y cultiva, con ingenio, el nuevo género de la revista porteña. Pero su labor no se agota allí. En 1909 crea la revista especializada "Teatro criollo", y al año siguiente se encuentra entre los fundadores de la "Sociedad Argentina de Autores Dramáticos y Líricos", embrión de instituciones actuales como "Argentores" y "SADAIC". Con certeza ha dicho José Antonio Saldías: "La vida de este escritor intensísima en episodios y en actividad mental e intelectiva, tiene la singularidad de una dedicación permanente a los problemas, conflictos y aspiraciones de la colectividad".
Falleció repentinamente, mientras dormía, el 27 de octubre de 1937. Su obra aún está por justipreciarse.
Juan Carlos Jara (Del libro "Los malditos", 4, editorial Madres de Plaza de Mayo, Bs. As., 2009)
